Page 27 - Anuario Capiruchos Negros 2025
P. 27

Silencio del hombre y el


                                                                                                     EL CERROJAZO
                silencio de Dios en la Madrugá





                    Luis Miguel Arroyo Arrayás









                  Frente  a  esa  impaciencia  atea,
           los  creyentes  reconocemos  que  la  fe
           se vive a veces en largos períodos de
           silencio de Dios, de eclipse de Dios. La
           función de la fe - al menos de la fe cris-
           tiana- no es saciarnos de seguridades
           y certezas, sino enseñarnos a vivir en
           presencia  del  Misterio  de  Dios.  La  fe
           nos ayuda a tener paciencia con Dios.
           Una fe madura debe ser capaz de con-
           vivir con el silencio de Dios. Ese silencio
           de Dios - y sobre todo ese silencio ante
           el sufrimiento de los inocentes aplasta-
           dos por la historia- es para muchos un
           escándalo, el cimiento de su ateísmo.
           Para  nosotros,  los  creyentes,  también
           puede ser un escándalo, y por lo mismo
           debe ser un acicate para luchar contra
           toda forma de violencia y de injusticia.
           Pero también es ese silencio una gran
           pregunta que nos abre a la presencia
           del Misterio en nuestras vidas, un mo-
           tivo para ejercer nuestra paciencia con
           Dios por su silencio.

                  Querido lector, te invito a que en
           esta  próxima  Semana  Santa  tú  y  yo
           pensemos sin triunfalismo ni soberbia
           en  los  que  no  creen,  comprendiendo
           que el silencio de Dios provoque dudas
           e incluso escándalo en muchas perso-
           nas. Te invito también a pensar que el
           ateísmo nos puede ayudar a nosotros,
           los creyentes, a purificar nuestra fe de
           falsas seguridades y de ingenuas imá-
           genes de Dios. Entonces, en el silencio
           de nuestra Madrugá, comprenderemos
           también que aceptar el silencio de Dios
           ante nuestras más íntimas preguntas
           y más profundos anhelos, es tener pa-
           ciencia  con  Dios  y  que  esa  paciencia
           con  Dios  forma  parte  de  nuestra  fe,
           nuestra esperanza y nuestro amor.



                                                                                                                 27
   22   23   24   25   26   27   28   29   30   31   32