Page 75 - Anuario Hermandad de los Capiruchos Negros de Valverde del Camino 2023
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UNA DEVOCIÓN QUE YA NO CABÍA EN SU VIE JO Y PEQUEÑO NIDO, Y ... REVENTÓ







                                                                que se negó a aportar esa limosna diciendo que “haber
                                                                dejado a la antigua Ermita” y no lo decía como protector
                                                                patrimonial sino por su reconocida tacañería.
                                                                La obra iba creciendo, lentamente pero con el paso firme
                                                                de quien tiene fe en una gran empresa colectiva y generosa
                                                                que se convertiría, con el tiempo, en verdadero icono del
                                                                pueblo.


                                                                Fuimos al Estudio de D Alberto Balbontín a por copias de
                                                                nuevos planos y fuimos con mi padre y JOSE CANO a
                                                                Umbrete para ver como se resolvía las pechinas en el
                                                                encuentro entre el crucero con la semiesférica cúpula.
                                                                El Maestro José era un enjuto alarife que interpretaba muy
                                                                bien los planos de la arquitectura singular de aquel edificio
                                                                religioso que remembraba los elementos del siglo XVIII
                                                                del barroco sevillano. Y mi padre le dedicó este verso una
                                                                navidad.
                                                                Fui con mi padre a Sevilla en busca de un artista para
                                                                realizar las vidrieras. En su estudio, aceptó el encargo la
                                                                joven Carmen Laffón, (la hija del pediatra que me trató en
                                                                mi infancia), que nos haría los cartones de las magníficas
                                                                vidrieras y que se plasmaran en los talleres de Vallejo y
                                                                otras para la cúpula, de los Talleres de Bilbao.
                                                                La familia de Dª Reposo Pérez, aportó el pedestal que
                                                                labrara Abascal para elevar a su altura exacta al Cristo de
                                                                las Tres Caídas en su Camarín.
                                                                Se hizo una colecta especial para regalar, a través de
                                                                donativos personales, una o varias losas de mármol rojo de
                                                                Alicante para la solería.
                                                                A ocurrencia de Diego Rodríguez Varón, que acogió en su
                                                                casa a varios seminaristas dominicanos para presenciar la
                                                                Semana Santa valverdeña, se le ocurrió digo, que se le
                                                                escribiera al autócrata Trujillo, presidente de aquella
                                                                nación
                                                                americana, por ver si nos podría aportar algo de madera
                                                                para la Ermita.
                                                                Cuál fue nuestra sorpresa cuando el amigo de mi padre
                                                                Pedro Campillo de Blas, anunció desde Madrid, que en el
                                                                puerto de Cádiz, había unas trozas de caoba para la
                                                                Hermandad y él tenía que resolver los papeles de la
                                                                importación. El Cancel y varias puertas se hicieron con la
                                                                caoba dominicana ejecutadas bajo la dirección del maestro
                                                                carpintero Diego Palanco.
                                                                A finales de los cincuenta, estando en Madrid, me
                                                                encargaron que fuera a la Avda de los Toreros para ver
                                                                cómo iba el Mosaico del Altar –con los Pavos Reales
                                                                bebiendo de una Crátera- que realizaba el gran artista
                                                                Javier Clavo y que tendría que ser soportado por el Altar
                                                                de un solo bloque de piedra que regalaba el Notario Diego
                                                                Romero.







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