Page 72 - Anuario Hermandad de los Capiruchos Negros de Valverde del Camino 2023
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UNA DEVOCIÓN QUE YA NO CABÍA EN SU VIE JO Y PEQUEÑO NIDO, Y ... REVENTÓ
Las hermandades residían en la Parroquia y la del Cristo
desde la Ermita de San Sebastián, desde donde se veneraba
en aquel Camarín fabricado a final del siglo XVIII.
La Ermita iniciaba la entrada al pueblo o despedía al
caminante que se despedía a través de aquellos caminos-
callejones cuyos restos aún conocemos como reliquias.
Estaba rodeada de trigales de los cercados y de los molinos
de viento que coronaban los cabezos de San Gregorio o
San Sebastián y su escasa y pobre fachada con su exigua
espadaña, recogía por las tardes, la sombra reflejada de la
cruz que estaba en su frente aireando los cielos junto al
canto de cutulías o el color de las cometas infantiles.
De esa Ermita –nido- se organizaba la procesión de
madrugada. Era tal el apretón de los nazarenos en su
interior que Batanerillo quemaba, sin querer, la espalda del
antifaz de Bernardo. O se originaba un misterioso asombro
entre los espectadores –expectantes de su salida- sin
comprender cómo podía manar de ese pequeño nido tal
cantidad interminable de luces nazarenas. Y el Cristo,
ensalzado en su nuevo paso labrado que había necesitado
ampliar el hueco de la puerta para hacer posible este parto
sublime que mostraba al pueblo silencioso al Cristo del
resuello empujado por el fervor de otro gran cúmulo de
luces de las promesas que se contenta con ver sólo el pié
arrastrado de su humana flaqueza.
Yo salí de esa Ermita a mis pocos años, llevando una naveta
y después una canastilla.
Con el tiempo y el aumento de la devoción, se doró el paso
que había tallado Joaquín Ribete (“el quino”) y continuaron
embelleciendo la cofradía (la hermandad en la calle)
con insignias, el Senatus y el Estandarte que bordara la
sevillana Rosario Téllez, varas, la Cruz de Guía y faroles
repujados por el orfebre Andrés Contreras y la tradicional
mujer Verónica de guapa y misteriosa mujer valverdeña; el
silencio, solamente quebrado por la marcha fúnebre propia
y la Cuesta de San Sebastián con la piedra cubierta de
serrín para que nada estorbe al silencio.
Y fue creciendo la devoción y el prestigio de esta procesión
de madrugada. … pero el nido se hacía pequeño.
Y se acordó hacer una nueva Ermita y a ser posible con la
antigua en su interior a modo de corazón palpitante de las
tradiciones del pueblo. Incluso se consiguió la aprobación
de una Cripta para la futura Ermita y que reposen los
hermanos de la procesión paralela.
Los arquitectos manifestaron la imposibilidad técnica de
mantener la antigua dentro de la futura porque los nuevos
cimientos necesarios serían interrumpidos por la vieja
Ermita.
Yo acompañaba a mi padre en algunas reuniones de la
Hermandad, (probablemente a modo como lo hacían los
romanos cuando llevaban a niños como testigos para los
deslindes de terrenos o decidir sobre cosas, con el fin
de que éstos fueran personas que transmitieran a otras
generaciones las decisiones que habían presenciado)
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