Page 23 - Anuario Hermandad de los Capiruchos Negros de Valverde del Camino 2023
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AL GÓLGOTA SUBE





        juega permanentemente con la antítesis vida/
        muerte o inocente/delincuente, así como con           poético-musical y espiritual- siento como si José
        la atribución a objetos inanimados de adjetivos       Ramón de Prado hubiera estado de incógnito en
        que son propios del comportamiento humano:            la Cuesta del Santo. Y luego lo imagino ante el
        “leño homicida”, “infame madero”.                     papel pautado, como si tuviese en la memoria
                                                              o tal vez en el corazón, la imagen del Señor del
               Musicalmente hablando, la composición,         Santo subiendo trabajosamente hasta su ermita
        muy efectista (y en la tonalidad de Re menor)         en la madrugá valverdeña.
        arranca con una introducción de aire lúgubre,
        dando paso a la proclamación del argumento
        del motete (“Al Gólgota sube / por darnos
        la vida) y que resuena como una llamada de               P.s.: Recomiendo al amable lector volver a
        atención de aire marcial protagonizada por los        leer este texto escuchando al mismo tiempo Al
        instrumentos de metal. Luego, solemnemente            Gólgota sube, en la interpretación de nuestra
        (para subrayar la gravedad “del leño homicida”),      Banda Municipal (You Tube)
        interviene toda la banda.  Y concluye la
        introducción dulcemente con la frase “cargado
        Jesús” en manos de las flautas y la madera.

               En la segunda estrofa las tubas y la
        percusión marcan con protagonismo intenso
        y dramático los pasos del condenado (con el
        “infame madero / llevado en sus hombros”) en
        su ascenso trabajoso hacia el Gólgota. La Cuesta
        de San Sebastián y el trabajo de los costaleros
        del Señor del Santo ponen para ello la plástica
        imagen que está grabada en nuestra memoria
        valverdeña. Por su parte, los instrumentos
        de madera acentúan con su timbre, y como
        contrapunto de dulzura, la mansedumbre del
        cordero que  “se apresta a morir”, tema que
        repiten las trompetas sin estridencias.

               Finalmente, la última estrofa contiene
        el mensaje teológico de la redención: siendo
        Cristo inocente, se apropia las penas que me
        corresponde sufrir a mí, pecador. Para ello el
        compositor pone en juego una repetición de la
        melodía en forma de diálogo (en la versión coral
        original) entre las voces femeninas y los tenores
        y los bajos. Lo que en la adaptación para banda
        se traduce en un diálogo entre clarinetes,
        por un lado, y oboe y saxos, por otro, con el
        acompañamiento del resto de los instrumentos.
        Así se llega al acento dramático que pone
        toda la banda coincidiendo con la frase “yo el
        delincuente”, que suena como una expresiva
        auto-acusación, confesión de culpabilidad que
        se va apagando con el reconocimiento repetido
        de las palabras  “debiera sufrir”, seguido de la
        conclusión de la marcha.

               En mi memoria, tras el último acorde de
        la Banda, se ha hecho el silencio; solo los pasos
        rítmicos de los pies de los costaleros se oyen. Y
        de repente siento -ya sé que es imposible lo que
        voy a decir, pero lo siento en una ensoñación



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